El Crecimiento de Midgard
Midgard florecía: pero comenzaba a sentir el peso de sí misma
Midgard florecía a una velocidad que ni el propio Thor había anticipado. En dos mil diecisiete, el verano de las ICOs hizo surgir miles de proyectos en semanas. El CryptoKitties, un simple juego digital de gatitos coleccionables, congestionó todo Ethereum en diciembre de ese año. No por ser grande. Por ser popular. Y popular era solo el comienzo.
DeFi comenzó a emerger. Los contratos se ejecutaban solos. Uniswap, Compound, MakerDAO construían nuevos tipos de mercados sobre el mundo de Thor. Cada protocolo añadía una capa. Cada nuevo usuario añadía una transacción. Cada nuevo bloque llegaba más lleno que el anterior. Las tarifas de gas comenzaron a subir, despacio, luego rápido, luego absurdo: cien dólares para mover tokens. Doscientos para usar un protocolo DeFi. Trescientos para participar en un lanzamiento.
La capacidad de Ethereum estaba limitada por el gas por bloque, no por un número fijo de transacciones. Las operaciones complejas consumían más que las transferencias simples. Las calles de Midgard se habían quedado estrechas para la demanda.
Thor veía el problema. La escala requería años de investigación y distintas soluciones. The Merge, aún por llegar, cambiaría el consenso; no prometía aumentar directamente la capacidad ni reducir el gas. Los pequeños necesitaban espacio antes de que todas las obras estuvieran listas.
Ymir observaba. No con urgencia. Con la tranquila certeza de quienes saben que cuando la tierra se agrieta, llega el momento de los gigantes.