Canto XII: La Profecía de Hipnos
Hipnos, dios del sueño y los sueños, muestra a Zeus visiones del futuro donde TRON y sus hermanos cambian la humanidad.
El Olimpo contemplaba una constelación. Odín guardaba Bitcoin, cuya emisión disminuía sin reducir automáticamente las monedas existentes. Thor guardaba Ethereum y Zeus, TRON. Convivir no exigía dejar de perfeccionar sus herramientas.
Ningún reino se había limitado a su primera intención. Bitcoin nació como dinero entre pares; Ethereum quiso ofrecer cómputo programable; TRON habló de descentralizar internet. Los usos dieron nuevas formas a esas ambiciones. Los mortales también participaban en el destino de las herramientas al elegir qué hacer con ellas.
Había espacio para propósitos distintos. Un viajero buscaba Bitcoin; otro, contratos de Ethereum; otro enviaba USDT por TRON. Las decisiones podían cambiar según la tarea. El ecosistema permitía varias identidades sin exigir que todos caminaran siempre por la misma ruta.
El Olimpo se había expandido. Zeus, que había querido disputar todas las coronas, encontraba ahora su lugar en un conjunto más amplio. Había paz en reconocerlo: podía trabajar por la excelencia de su reino sin reclamar la desaparición de los demás.
La coexistencia daba a cada reino una oportunidad de resultar necesario. Zeus había aprendido que querer serlo todo podía impedir comprender la tarea propia. Cuando miró sus caminos de nuevo, encontró una ambición más precisa: servir bien a quienes ya los recorrían.
Un sueño sin vigilancia se convierte en una pesadilla. Una revolución sin memento se convierte en un régimen.