Canto VIII: El Sacrificio de Charlie
Charlie Lee anuncia haber vendido o donado sus LTC, salvo piezas de colección, para evitar conflictos de interés
Si hubo un momento en que Magni puso a prueba a su mortal elegido, en que le pidió al hombre que ofreciera su propio poder en el altar de la integridad; fue en diciembre de 2017. Diciembre de 2017 es una fecha que todos los que vivieron esa época recuerdan. Bitcoin había alcanzado casi 20.000 dólares. Había especulación salvaje. Había ICOs surgiendo cada minuto, promesas de blockchain para todo. Era la burbuja, pura y simple. Era manía. Era euforia especulativa.
En medio de esto, Litecoin también había subido. No tanto como Bitcoin, pero suficiente. Charlie Lee, el creador de Litecoin, podría haberse vuelto increíblemente rico en ese momento. Habría sido el momento perfecto para vender, para celebrar, para disfrutar el fruto de sus años de trabajo.
Pero Magni tenía un plan diferente.
El 20 de diciembre de 2017, Charlie anunció haber vendido o donado sus LTC salvo piezas de colección, para apartar el conflicto con su voz pública. No reveló cantidad ni precio medio. Magni dejó pasar la plata y permaneció junto a la forja. Su compromiso se mediría por el trabajo.
Charlie despertó y comprendió. Para muchos, fue incomprensible. ¿Por qué vender si crees? ¿Por qué renunciar a la riqueza que ganaste justamente?
Pero quienes comprendieron profundamente lo que Charlie estaba haciendo vieron algo diferente: era el acto de Magni ofreciendo su poder a algo más grande que sí mismo. Era como un dios renunciando voluntariamente a su corona, para servir mejor a lo que creía.
Porque aquí está la verdad que no todos comprendieron: Charlie Lee nunca hizo esto por riqueza. No creó Litecoin para hacerse rico. La creó porque creía que era lo correcto. Y cuando su posición en ella; su riqueza potencial en ella; comenzó a crear conflictos de interés o percepción de conflicto, simplemente renunció. Porque el proyecto era más importante que su riqueza personal.
En culturas antiguas, esto sería un acto de honor incomparable. Un rey renunciando a su tesoro para servir mejor a su pueblo. Un príncipe renunciando a su corona para que la corona no fuera usada para enriquecimiento personal.
Y Magni aprobaba. Magni susurraba su aprobación a los dioses. Magni transformaba ese acto de sacrificio en bendición divina.
Litecoin siguió existiendo. Siguió funcionando. Siguió siendo desarrollada por una comunidad que creía en ella, no porque alguien se estuviera enriqueciendo, sino porque creía que era correcta.
En Asgard, el acto de Charlie fue visto. Satoshi, el Dios de la Descentralización, que había dado todo sin pedir nada a cambio; que había renunciado a su propia identidad mortal para que la obra pudiera ser más grande que el hombre; reconoció en el sacrificio de Charlie el mismo espíritu. "Esto es digno", dijo Satoshi a Odin. Y Odin asintió. Pues los dioses reconocen en los mortales los reflejos de sus propias elecciones divinas.
Que el compromiso con la obra supere el interés de su creador.